LA ERA DEL VACIO. COMENTARIOS DEL DR. ANTONIO COLL DE LA PUERTA
La Era del Vacio. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, es una interesante obra del prestigioso sociólogo francés Gilles Lipovetsky, nacido en 1944 y profesor de la Universidad de Grenoble.
El ensayo trata sobre un problema generalizado en nuestra sociedad de consumo masificado: la emergencia de un modo de socialización y de individualización inédito que rompe con el instituido desde los siglos XVII y XVIII.
La obra se estructura en seis capítulos. De los cuatro primeros he realizado una síntesis con dos citas literales del autor.
A medida que avanzan las sociedades democráticas, un nuevo proceso denominado de personalización, remodela en profundidad el conjunto de los sectores de la vida.
Esta nueva sociedad deja atrás la disciplina y la jerarquía para construir una red flexible basada en la información, el estímulo de las necesidades, el sexo, el culto a lo natural, la cordialidad y el sentido del humor.
Si el modernismo de finales del siglo XIX apostaba por la subordinación de lo individual a unas reglas, el proceso de personalización de la posmodernidad aparecida en la segunda mitad del siglo XX promueve la realización personal y el respeto a la singularidad.
El derecho a la libertad se intuye como el vivir sin represiones y escoger el modo de vida de cada uno. Este es el hecho cultural y social más significativo de nuestro tiempo.
La era de la revolución y de la esperanza en un futuro mejor, confluye en un cambio histórico de los objetivos y modalidades de la socialización. El individualismo hedonista y personalizado se ha vuelto legítimo y ya no encuentra oposición.
Los que auguraban el fin de la sociedad de consumo se equivocaron, pues el proceso de personalización no cesa de ensanchar sus fronteras.
La cultura posmoderna amplia las posibilidades de elección y destruye los valores superiores de la modernidad, pone en marcha una cultura personalizada, que permite al individuo emanciparse del pasado disciplinario y revolucionario.
Los sociólogos americanos definen este nuevo individuo fruto del proceso de personalización como el nuevo narciso.
Dice Lipovetsky:
El narcisismo sólo encuentra un verdadero sentido a escala histórica; en lo esencial coincide con el proceso tendencial que conduce a los individuos a reducir la carga emocional invertida en el espacio público o en las esferas trascendentales y correlativamente a aumentar las prioridades de la esfera privada.
Si la seducción antes era vivida en las relaciones interpersonales, ahora se convierte en un proceso general que regula el consumo. La sociedad contemporánea se rige hoy por las relaciones de seducción.
El mundo del consumo despliega productos, imágenes y servicios inmersos en un ambiente eufórico de tentación y proximidad.
El individuo dispone de un amplio repertorio de posibilidades para construir su existencia hedonista a la carta.
Lejos de la uniformidad y la homogeneidad el proceso sistemático de personalización alimenta a un narciso seducido por la pluralidad y la realización de sus deseos.
Las ideologias y creencias de la modernidad se diluyen en una gran indiferencia. Pero su resultado no es la angustia nihilista, ni la desesperación ni el sentimiento de absurdidad sino el descompromiso social. Desconectados los deseos de los dispositivos colectivos el proceso invita a la relajación.
El hombre cool no es el pesimista de Nietzsche ni el obrero de Marx sino que se parece más al consumidor que arrastra un carro por el supermercado, y decide la marca de leche que va a tomar de un lineal con cincuenta ofertas posibles.
Al individuo no le interesa en absoluto la politica, la religión ni los grandes conflictos de la humanidad, es un ser apático.
El capitalismo encuentra un nuevo campo de experimentación en la indiferencia.
Pero el hombre cool no es mas sólido que el hombre puritano y cuando la indiferencia traspasa la barrera de lo social a la esfera privada aparece la enfermedad de vivir.
Narciso es vulnerable a cualquier dificultad de la vida actual, su deserción en el plano social, su busqueda continua de sí mismo le desarma.
La manera de vivir su libertad le aleja del otro, le situa en un desierto donde desea estar solo, pero sintiéndose solo, no tolera su soledad. Así el desierto ya no tiene ni principio ni fin.
Hoy el narcisismo es uno de los temas centrales de la psicología americana.
Aparece un nuevo estadio del individualismo, de las relaciones del individuo consigo mismo, con su cuerpo, con su tiempo, con el mundo y con los demás.
El capitalismo se ha vuelto hedonista y permisivo. Lejos queda el hombre hecho a si mismo, la cultura del esfuerzo, la seducción en el amor. Se extiende un individualismo desprovisto de valores sociales y morales que solo busca el bienestar propio.
Narciso vive en su presente, desenraizado del pasado y del futuro, en un presente que ha perdido el sentido de continuidad histórica y por ende las costumbres y la posteridad, vive para sí mismo.
En palabras de Lipovetsky:
Ante todo instrumento de socialización, el narcisismo, por su autoabsorción, permite una radicalización del abandono de la esfera pública y por ello una adaptación funcional al aislamiento social, reproduciendo al mismo tiempo su estrategia. Al hacer del Yo el blanco de todas sus inversiones, el narcisismo intenta ajustar la personalidad a la atomización sibilina engendrada por los sistemas personalizados.
El narciso clásico ya no está inmovilizado ante su imagen fija, ya no hay imagen, solo una búsqueda interminable de sí mismo. No se ha contentado con vaciar el universo social, ha vaciado su propia identidad.
El miedo moderno a envejecer y a morir es constitutivo de este neonarcisismo. El desinterés por las generaciones futuras intensifica esa angustia de muerte, la necesidad permanente de ser valorado y admirado hacen la perspectiva de la vejez intolerable.
La sociedad hedonista solo engendra a nivel superficial la tolerancia y la indulgencia. El narcisismo se alimenta más del odio al Yo que de su admiración. La ansiedad, la incertidumbre y la fustración alcanzan límites nunca vistos.
Si al menos pudiera sentir algo! se dicen muchos. Los transtornos narcisistas se presentan en forma de síntomas difusos. Malestar anónimo que lo invade todo, sentimiento de vacio interior y de absurdidad de la vida, incapacidad para sentir las cosas y los seres...
El individuo posmoderno esta vacio.
El miedo a la decepción, a las pasiones descontroladas generan una incapacidad para afrontar las relaciones sentimentales.
Sin embargo narciso está desolado porque aunque huye ante el sentimiento no se ha absorbido suficientemente a sí mismo como para no desearlo.
Se siente solo, vacio, sin posibilidad de sentir, de ahí la huida continua hacia nuevas experiencias.
Desde la aparición del consumo en masa en los EE.UU. el hedonismo se convirtió en un fenomeno de masas. La compra a crédito acercó a los hogares los productos y servicios considerados hasta entonces de lujo. La moda, la publicidad y los mass media se encargaron de borrar progresivamente la concepción puritana del ahorro. Desde entonces la sociedad occidental se mueve entorno al culto al consumo, al tiempo libre y al placer.
La revolución individualista situa al ser como fin último, ser aislado que conquista el derecho a la libre disposición de sí mismo.
El posmodernismo aparece como la democratización del hedonismo, el triunfo de la antimoral y el antiintitucionalismo.
Con el consumismo el individuo pierde su substancia y se llena de los modelos que la moda, la publicidad y los mass media le aportan en una redefinición continua.

